Durante el siglo XX y en especial las dos primeras décadas del siglo XXI el periodismo ha evolucionado de la mano del desarrollo tecnológico de los medios.

Fue la prensa escrita la promotora del lenguaje y de los géneros periodísticos; la gestora de los cánones y los valores deontológicos del ejercicio profesional -en un principio tipificado como un mero oficio.

Y, fue la radio, la que agregó la inmediatez y la transmisión en vivo de los hechos noticiosos de interés general. El sonido permitió ampliar la imaginación de los radioescuchas en todos los rincones de las geografías nacionales.

 La posterior llegada de la televisión permitió al periodismo llevar a los hogares las imágenes de los hechos, incluso sin procesar, para que el tele espectador pudiera, casi vivir y sentir la realidad de primera mano.

Pero fue Internet, el “metamedio” el que logró integrar la prensa escrita, la radio y la televisión, para beneficio del periodismo; logró reescribir los lenguajes, las fuentes, las rutinas y hasta las mismas agendas de los medios informativos. Lo único que no ha cambiado, y no podrá cambiar Internet, es en efecto, la ética periodística. Precisamente no puede cambiar porque los principios democráticos del periodismo como “perro guardián” de la democracia, son los que sustentan la función periodística de buscar y comunicar la verdad de los hechos.

Puede que el periodismo haya evolucionado desde los tabloides impresos hasta el periodismo digital y el periodismo de datos, como una muestra evidente de adaptación a los medios tecnológicos, lo que no puede suceder es que el periodismo deje de ser esa búsqueda incesante de información periódica que nutre a la sociedad.

Internet más que aglutinar a los medios tradicionales, abre las fronteras de la investigación periodística. Ya no podemos hablar de un mínimo de fuentes para la confirmación de los hechos, sino de un máximo de oportunidades que se presentan para la gestión informativa.

El periodismo deberá demostrar en los próximos años, su vigencia y su legitimidad – aunque por principio siempre lo hecho-, so pena que las audiencias sean los mismos gestores de la información que les interesa. Este reto, más que dignificante, ¡es la nueva batalla del periodismo contemporáneo!