David Paredes Gortaire, MBA

Entrepreneurial Trainer

Muchas veces en el día a día, llegan a nuestra mente muy buenas ideas y nos ponemos a imaginar cuánto dinero ganaríamos si las implementáramos en el mercado. Un gran porcentaje de estas ideas se convierten en sueños y se quedan así… ¡en sueños! Pero otra parte de ellas, sí se convierten en realidad. Gran parte de estas ideas resultan un éxito rotundo, pero muchas otras, aunque son muy buenas, fracasan. Yo me pregunto: ¿Por qué fracasan algunas buenas ideas?

Y la respuesta es más simple de lo que imaginamos. Cuando creamos o nos llega una idea a la cabeza, nos dedicamos a pensar únicamente en ella y no en el mercado. Normalmente a las personas

 

que tenemos el chip emprendedor se nos ocurre una buena idea y enseguida, la convertimos en un producto o servicio. Una vez listo, recién nos ponemos a buscar quién en el mercado nos podría comprar nuestra nueva creación; es entonces cuando podemos cometer errores. El mercado debe ser lo primero que el emprendedor debe tomar en cuenta y no lo último.

 Por lo tanto, el emprendedor lo primero que tiene que hacer es observar un mercado e identificar con claridad, sus problemas o necesidades, llegando a descubrir “el pain” (el dolor) del cliente. Al identificarlo, desarrollamos ideas que se transformarán en productos o servicios convirtiéndonos automáticamente en la solución. Si pones atención a las necesidades del mercado, con tus sueños nacerán nuevos emprendimientos de nuevos emprendedores.