Daniel Macías y Carolina López

“Yo dejé el colegio hace unos 8 años, estaba en tercer curso y mi hermano en quinto, por lo que me dediqué a ayudarle a mi mami en las cosas de la casa y a vender en la tiendita que teníamos abajo, mientras él se graduaba del colegio. Mi educación nunca fue tan importante como la del Carlos” contó Raquel Peña mientras caminaba al almuerzo en el descanso que usualmente tienen a las 3 en el “Crepes & Waffles”. Ella trabaja en este restaurante desde hace tres años y asegura que ha sido una gran oportunidad, tomando en cuenta que hace 4 años que tiene un niño al que debe mantener.

 Desde siempre ha existido una brecha entre hombres y mujeres, sobre todo en el área de la educación. Si bien es cierto que hoy en día se busca la igualdad, y muchas leyes se enfocan en darle a la mujer ese espacio del cual había sido relegada durante la historia, existe un problema que va más allá, un problema social que se enraíza en el núcleo elemental de la sociedad, el hogar.

 Las cifras de analfabetismo evidencian la desigualdad de oportunidades. Según el SIISE (Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador), el porcentaje de analfabetismo en el cantón Quito ha disminuido, analizando los datos presentados desde 1990 en cada censo y tomando en cuenta que en este año el porcentaje de mujeres analfabetas era del 5.8%, mientras que los hombres mantenían cifras más bajas (2.7%). En el 2010 el porcentaje disminuyó notablemente en ambos casos, en el caso femenino se registró un 3.3% mientras que el indicador para los hombres marcó 1.4%. Esto significa que en un lapso de tiempo de  20 años el porcentaje de analfabetismo se redujo a la mitad en ambos casos.

 La instrucción primaria es la etapa más básica de la educación, la cual provee a los niños de bases y conocimientos fundamentales para el resto de sus estudios, o incluso para el desenvolvimiento social ante la ausencia de una educación posterior. En 1990, el porcentaje de hombres que culminaron esta etapa (83.34%) es mayor al de las mujeres (76.86%), diferencia que se percibe hasta el día de hoy, aunque la brecha ha disminuido drásticamente (94.6% hombres, 92.6%) y el porcentaje en ambos casos ha aumentado en gran magnitud. Víctor Hugo Bolaños, encargado de este tipo de cifras en la Subsecretaría de Educación menciona que el gobierno, junto con el Ministerio y la Subsecretaría de Educación, tienen como fin darle la mayor igualdad posible al acceso escolar.

 La deserción escolar mantiene una relación directa con la etapa educativa (primaria, secundaria e instrucción superior), en donde el porcentaje aumenta a medida que se avanza en el grado educacional. “La deserción escolar tiene muchos parámetros y cifras variadas, sin embargo se entiende que casi 5 de cada 10 personas que tienen edades en las que deberían haber concluido ya con sus estudios, no lo hacen” dijo Victor Hugo Bolaños en el momento en el que abría la base de datos que confirmaba estas estadísticas. Esto se puede comprobar verificando los datos del SIISE que marcan un porcentaje de deserción del 50% entre alumnos que pasan de primaria a secundaria independientemente del género.

 En el caso de la instrucción secundaria, los datos que se presentan van decayendo  y por ende el porcentaje de deserción es mayor, sobre todo en las mujeres que tienen una deserción del 41.5% en esta etapa escolar. En un periodo de tiempo de 20 años tanto en hombres como mujeres, el crecimiento en este indicador es de un 20%, lo que demuestra que a pesar del avance progresivo, la brecha sigue siendo la misma en cuanto a la distinción de género. En el caso de la instrucción superior solo el 37.15% de hombres y 31.7% de mujeres terminan sus estudios.

 Las zonas rurales son las más afectadas por esta problemática, sin embargo la zona urbana también mantiene una desigualdad. “Es importante conocer que el área de mayor deserción estudiantil se encuentra en las zonas rurales en donde puede estar llegando a un 80% de abandono, lo que es altísimo si nos ponemos a pensar en la significancia que tiene esta cifra” alega Víctor Hugo Bolaños.

 “En esta ciudad el nivel de inclusión en materia de colegios es básicamente el mismo, es decir, no existe una diferencia entre cuantos cupos se separan por género” menciona Cristian Palacios, parte del equipo de apoyo seguimiento y regulación en la Subsecretaria de Educación. Analizando lo anteriormente mencionado junto con los datos presentados, se puede concluir que el problema de fondo está en el hogar, puesto que se procura tener una equidad en el tema de cupos, y los colegios están abiertos tanto para hombres como para mujeres sin ninguna política discriminatoria, por el contrario se anima a la inclusión. “El gobierno junto con Ministerio de Educación y la subsecretaría, buscan darle la mayor igualdad posible al acceso escolar” menciona Víctor Hugo Bolaños.

 “Estudié ingeniería comercial al igual que mi esposo, y desde un principio noté la discriminación que tienen las empresas al momento de contratar personal. Para mi esposo siempre ha sido más fácil encontrar buenos trabajos en los que pagan más, pero cuando yo pongo mi CV en cualquier lugar, el sueldo que me ofrecen no llega a ser igual” dice Adriana López, quien alega que hasta el día de hoy existe discriminación de géneros. A pesar de que el porcentaje de la PEA (Población económicamente activa) femenina ha aumentado desde 1990 hasta el 2010 en un 25%, el mercado laboral se caracteriza por una mayor presencia masculina (56.5% al 2010). Esto se puede dar por muchos factores que no siempre implican una discriminación, como la preferencia de la mujer de quedarse en casa con sus hijos.

 Los datos de participación laboral global desde 1990 son los siguientes: Para hombres el indicador marca un 66.7% en ese año y para mujeres un 37.2%. En el 2001 los hombres tienen una participación del 66.6% y las mujeres 40.9%, por otro lado en el 2010 los hombres reflejan un 69.6% mientras que las mujeres un 51.7%. Estos datos demuestran el aumento en la participación femenina y la disminución de la brecha laboral en cada censo.

 Raquel Peña dice que ser cabeza de hogar y conseguir un trabajo bien remunerado es muy complicado, sobre todo si no se han culminado los estudios, y menciona que tuvo que dejar de estudiar para ayudar con el hogar y permitirle a su hermano culminar su educación porque sus padres consideraron que era más importante que  Carlos pueda tener un buen trabajo en el futuro. “Mis papás nunca pensaron que yo también podía ser cabeza de familia como lo soy ahora”.

 Sofía Guevara, responsable del área de género en la Secretaría de Inclusión Social del Municipio de Quito, habla acerca de los planes que tiene la Alcaldía en el tema, y menciona que lo que se busca es bajar las brechas de inequidad, sobre todo en los grupos vulnerables. Además un dato importante es que en los cargos públicos altos, la mayoría son hombres, demostrando así la inequidad persistente, sobre todo en los cargos elegidos por confianza.

 Sofía Guevara dice que no se toma en cuenta a las diversidades sexo genéricas como el grupo de las mujeres transexuales, quienes tienen mayores problemas para conseguir trabajo e incluso para acceder a la educación. “Nosotros tenemos un curso que damos a los funcionarios municipales para que se capaciten sobre estos temas, entonces ahí se incluyen los derechos humanos, los derechos de las mujeres y las diversidades sexo genéricas. Nuestro conocimiento se va ampliando, y por lo tanto queremos que todos los funcionarios estén plenamente conscientes de estos temas y así poder trabajar con la comunidad” concluyó.

 Con los datos presentados, se percibe claramente la desigualdad que existe tanto en estudios como en la apertura laboral hacia las mujeres y las personas transexuales. Cabe mencionar que los cupos para ambos sexos son iguales, pero que muchas veces los padres prefieren darle una mayor importancia a la educación del hombre, y esto repercute a su vez en la desigualdad laboral que enfrentan las mujeres posteriormente. Una posible solución es lograr un cambio de mentalidad en el núcleo familiar, especialmente en aquellas familias en las que persiste la idea de que solo el hombre va a ser cabeza de hogar en el futuro, limitando las posibilidades de la mujer.